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lunes, 7 de noviembre de 2011

Mal día para estar sin ti


Dicen que no se puede echar de menos algo que nunca has tenido. Lo cierto es que estaría mintiendo al decir que nunca te tuve, porque aunque no siempre haya sido de la forma en la que me hubiese gustado, estuviste a mi lado. Y digo estuviste porque francamente, no sé si debería decir estás. Creo que ni tú realmente lo sabes o que, por el contrario, conoces de sobra la verdad, pero te empeñas en creer que sigues conmigo. Conmigo…ambos sabemos cuánto significado puede adquirir esa palabra dependiendo de quién la pronuncie.
La verdad es que hoy es un mal día para estar sin ti, pensándolo bien ayer también lo fue, y tengo el presentimiento de que también lo será mañana. Porque en realidad todos lo son...
Recuerdo cuál era mi deseo al soplar las velas de pequeña , cerraba los ojos y por dentro repetía una y otra vez “hacerme mayor, hacerme mayor, hacerme mayor”. Sueño que se repetía en mi cabeza una vez tras otra, despierta y dormida. Y aunque en la tarta hubiera apenas 6 velas, ponía todo mi empeño en intentar convencer a mi madre de que era más mayor de lo que ella pensaba. Y ahora no puedo dejar de pensar en esos momentos, en lo mucho que me gustaba desafiar a cualquiera diciéndole que él era el mejor, más fuerte y guapo, simplemente porque así lo pensaba. En cómo, ansiosa, esperaba la llamada diaria de buenas noches para contarle todo lo que había aprendido ese día, que a pesar de ser insignificante él parecía entender que suponía un mundo para mí. En la visita de los Lunes que duraba 30 minutos escasos sin la que no era capaz de continuar la semana y en cómo contaba los días que faltaban para el Viernes cuando “tocaba” a pesar de saber que me quedaría dormida en el sofá a los 5 minutos de verle, como cada semana.
Y ahora hay veces en las que me gustaría que lo que estoy viviendo fuera tan solo un sueño más de esos que tenía de pequeña. Porque con el paso del tiempo, además de ir desarrollando tu madurez vas desprendiéndote cada vez más rápido de la venda de ingenuidad que tenías algunos años atrás. Y me doy cuenta de que lo único que hago es echar de menos aquello que tenía o teníamos. Y no me gusta ver que si te busco no te encuentro, que no estás, ni pensar que no volverás. Y no hago más que mirar para atrás y creo que nadie me ha dicho tantas veces como tú en mi vida que hay que mirar para adelante…

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